La tarde del lunes dejó una escena poco común frente a la histórica escalinata de la Universidad de La Habana: un grupo de estudiantes sentados en silencio, conversando entre ellos y mirando hacia el campus que, para muchos, simboliza futuro y oportunidades. Esta vez, sin embargo, el motivo de su encuentro no fue académico.
Decenas de jóvenes decidieron realizar una protesta pacífica para expresar su inconformidad con las condiciones en las que deben estudiar en medio de la profunda crisis energética que atraviesa Cuba.
Los estudiantes denunciaron que los apagones prolongados y la inestabilidad del servicio eléctrico han dificultado seguir el ritmo de las clases, muchas de las cuales dependen de la conexión a internet o de recursos digitales. “Nos piden cumplir con trabajos y actividades virtuales, pero a veces pasamos horas sin luz”, comentó uno de los estudiantes presentes, que prefirió no revelar su nombre.

La escalinata, tradicional punto de encuentro del estudiantado habanero, se convirtió durante varios minutos en un espacio de diálogo improvisado. Algunos jóvenes hablaban de los problemas en los dormitorios universitarios; otros mencionaban el costo de los datos móviles y las dificultades para trasladarse a clases debido a la escasez de transporte.
Aunque la manifestación fue breve y se mantuvo en tono pacífico, el hecho llamó la atención en un país donde las protestas públicas son poco frecuentes. Testigos indicaron que agentes de seguridad se acercaron al lugar para observar la situación mientras el grupo permanecía reunido.
Hasta el momento, autoridades universitarias han señalado que buscarán abrir canales de diálogo con los estudiantes para escuchar sus preocupaciones y evaluar posibles soluciones dentro de un contexto nacional marcado por limitaciones económicas y energéticas.
Mientras el sol caía sobre la capital, los estudiantes comenzaron a dispersarse lentamente. La escalinata volvió a su rutina habitual, pero el mensaje que dejaron resonó entre quienes pasaban por allí: en medio de las dificultades, los jóvenes quieren seguir estudiando, pero también quieren ser escuchados.





